María, con M de Miedo

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María con M de Miedo

Su semblante lucía triste, pálido e incluso algo desesperado mientras observaba la hoja en blanco. No sabía por qué, pero había olvidado como hacerlo, se había olvidado de escribir.

«Creía que esto era como montar en bicicleta, que nunca se olvida» pensó.

Pero claro, ella nunca había aprendido a montar en bicicleta, que iba a saber ella si eso era verdad. De hecho, aún hoy sigue buscando ese alguien que le enseñe a hacerlo. Santi se lo había prometido, pero nunca lo hizo. También Javier, Marcos e incluso Víctor. Todos habían prometido a enseñarle a montar en bicicleta, pero nadie cumplió su promesa.

María siempre había esperado a que alguien le enseñara, pero nunca lo había intentado por sí misma. ¿Por qué? Por temor. Ese miedo que a muchos se les atraviesa, les corta la respiración y les hace entrar en un bucle sin fin de pensamientos limitantes que se retroalimentan sin parar. Ese era el principal problema de María, el miedo. Temía empezar a escribir por si había olvidado como hacerlo. Tenía miedo a aprender a montar en bicicleta por si se caía y hacía daño, a enamorarse y que le rompieran el corazón, que la abandonaran. Ella era sinónimo de Miedo, María era Miedo.

Pero María, aunque aún no lo sabía, iba a ser capaz de romper con él, de hacerle ghosting y lanzarse a vivir sin Miedo.

IMAGEN: Paula Villar

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